Francisco Buendía Santiago es residente de Cardiología en el hospital Santa Lucía de Cartagena. Ha recibido una de las ayudas del Colegio de Médicos para el fomento a la investigación y el doctorado por su estancia en el Mount Sinaí Fuster Heart Hospital de Nueva York, donde ha colaborado en dos ensayos clínicos enfocados en la sotagliflozina, un fármaco inhibidor dual (SGLT-1 y 2)
¿Cuál es la línea de investigación de tu proyecto de investigación y dónde lo has desarrollado?
Durante mi estancia en New York tuve la oportunidad de trabajar en la AtheroThrombosis Research Unit (ATRU) del Mount Sinai Fuster Heart Hospital bajo la supervisión del Dr. Juan José Badimón. Allí colaboré en dos ensayos clínicos enfocados en la sotagliflozina, un fármaco inhibidor dual (SGLT-1 y 2).
En el ensayo SOTA-P-CARDIA, evaluamos el impacto de este medicamento en pacientes con insuficiencia cardíaca con fracción de eyección conservada. El objetivo principal era medir la reducción de la masa miocárdica del ventrículo izquierdo tras seis meses de tratamiento frente a un placebo.
Por otra parte, en el estudio mecanístico de SOTA-THROMBOSIS evaluamos sujetos sanos para analizar los efectos antitrombóticos de este inhibidor dual —ya que el receptor SGLT-1 también está presente en las plaquetas— y compararlo con la empagliflozina, que es un inhibidor exclusivo de SGLT-2.
¿Cuánto tiempo has trabajado en ello y cómo ha sido el proceso de gestación y elaboración?
Mi estancia en Nueva York se extendió de junio a agosto de 2025, periodo que elegimos estratégicamente al coincidir con el fin del seguimiento de pacientes y el inicio del análisis de datos del ensayo SOTA-P-CARDIA.
El proceso se gestó desde mi propio hospital; gracias al Dr. José Abellán Huerta, adjunto en mi servicio que ya había trabajado previamente con el Dr. Juan Antonio Requena, miembro del equipo de Nueva York e investigador principal de los estudios. A través de este puente, contacté con el Dr. Badimón para expresarle mi interés en la investigación clínica y mi deseo de poder aprender de un equipo referente a nivel mundial.
Afortunadamente, su respuesta fue muy positiva. De hecho, la experiencia no terminó allí: tras mi regreso a Murcia, he seguido colaborando estrechamente con ellos en los meses posteriores.
¿Qué supone para la profesión médica, los pacientes y la Sanidad?
En mi opinión, las estancias de investigación y la participación en proyectos son muy enriquecedores a todos los niveles. A nivel profesional, permite al médico investigador integrarse en la metodología y el rigor de equipos que lideran ensayos clínicos de alto impacto a escala mundial. Para el sistema sanitario, esto representa un retorno de valor incalculable y a “coste cero” —ya que estas estancias no suelen contar con financiación pública—, puesto que los investigadores importamos ese conocimiento innovador y consolidamos redes de colaboración internacional que elevan el nivel de nuestra sanidad. En última instancia, el paciente es el eje central y el mayor beneficiario de este esfuerzo, ya que toda esta conexión con la élite científica se traduce directamente en la práctica asistencial, garantizándole una atención de máxima excelencia respaldada por la vanguardia de la evidencia médica mundial.
¿Cuál te gustaría que fuese el resultado de tu trabajo?
Más allá del resultado de los ensayos o del impacto en mi currículum a través de futuras
publicaciones, lo más valioso de esta estancia ha sido el crecimiento, tanto humano como científico. En el plano personal, trabajar con un equipo que representa la élite de la investigación en cardiología ha sido un verdadero privilegio; su cercanía y calidad humana me hicieron sentir como uno más desde el primer día, permitiéndome exprimir la experiencia al máximo y constatar, al mismo tiempo, el altísimo nivel formativo que tenemos los médicos residentes en España. En el plano técnico, esta oportunidad me ha permitido consolidar mis conocimientos previos y los adquiridos en el Máster de Investigación en Medicina Clínica, proporcionándome herramientas clave que serán determinantes para culminar mis actuales estudios de Doctorado en Ciencias de la Salud.
¿Crees que los médicos tienen apoyos suficientes para la investigación?
En España, simplemente no. Y esto, en mi opinión, se fundamenta en dos problemas. El primero de ellos es un clásico: la financiación. Actualmente, la inversión en proyectos de investigación es ínfima o nula en la gran mayoría de centros de nuestro país, a excepción de los grandes hospitales de referencia nacional; estos cuentan con una gran cantidad de recursos humanos y reciben, casi sin excepción, la mayoría de las becas nacionales y europeas. Aunque estas ayudas existen, son prácticamente inaccesibles para centros medianos como el mío, lo que dificulta la carrera y el arraigo del médico investigador, que debe basar todas sus probabilidades de éxito en la dedicación inexorable de los miembros del grupo y en la autofinanciación.
El segundo problema es consecuencia directa del anterior: el tiempo. Especialmente en centros sin recursos específicos para investigar, los miembros del equipo son clínicos que lidian con la sobrecarga asistencial habitual y que, en su tiempo libre, deciden hacer este gran esfuerzo extra para aportar su granito de arena al avance científico. Esta combinación hace que el perfil de médico investigador sea una especie en peligro de extinción, ya que, a pesar de la pasión que nos mueve, ese desgaste personal es insostenible a lo largo de las diferentes etapas de la vida.
¿Qué tipo de medidas crees que se podrían tomar y aplicar para aumentar la capacidad investigadora del país?
Fundamentalmente, creo que hay dos puntos clave en los que se debería incidir. El primero es la financiación, pero no para repetir el mensaje de que se necesita más inversión pública, sino para poner el foco en la retención del talento. Es un auténtico drama, tanto individual como social, que profesionales con una excelente formación financiada con dinero público tengan que marchar a otros países justo cuando llega el momento de recoger los frutos de esa inversión. Esto es algo en lo que no dejé de pensar durante mi estancia, al ver que en un grupo de referencia mundial la mayoría eran españoles que habían tenido que dejarlo todo para cumplir su sueño y aportar allí su valor añadido.
El segundo factor determinante es el tiempo. Mi conclusión tras esta experiencia es que los profesionales que crean ciencia en estos grandes centros internacionales no son necesariamente mejores que los que tenemos en el Sistema Nacional de Salud; la diferencia es que ellos sí cuentan con tiempo protegido para investigar. En nuestro entorno, donde no se financian la mayoría de los proyectos, no se retribuye el esfuerzo y el médico no dispone de horas dentro de su jornada laboral para la investigación, es lógico que, tristemente, este perfil de profesional siga siendo una rara avis.